Los aspirantes a La Moneda dialogan con minería, agroindustria y comercio, reconociendo su aporte al país. Sin embargo, la cultura y las industrias creativas siguen quedando fuera, pese a generar empleo, innovación, turismo y bienestar social.
Las cifras lo muestran: según la última Encuesta Nacional de Participación Cultural, un 90,7% de los chilenos participó en actividades culturales digitales el último año, lo que demuestra que el interés existe, pero aún falta traducirlo en políticas públicas que respalden la actividad y el desarrollo del sector.
A nivel local, sólo en Ñuñoa los eventos masivos y de música aportan cerca de 4?mil millones de pesos al Parque Estadio Nacional en concepto de arriendo y variables. A nivel nacional, estas industrias generan 160?mil empleos. Sin embargo, las políticas públicas siguen tratando a este sector sin la reciprocidad que merece esta inversión estratégica, clave para el bienestar y la salud mental de los chilenos.
El mundo ofrece ejemplos claros: Corea del Sur convirtió su cultura en motor económico y de proyección internacional. Chile también cuenta con un ecosistema cultural activo que podría proyectarse globalmente si se reconoce su potencial. Lo que falta es un compromiso político real que reconozca a la economía creativa como motor de desarrollo y que los candidatos la consideren como un eje de sus propuestas de país.
Jorge Ramírez A., presidente, y Marlene Torrealba, directora ejecutiva, Asociación Gremial de Empresas Productoras de Entretenimiento y Cultura (AGEPEC)