En julio pasado hubo una denuncia en Chile, interpuesta por Carlos Lara de la productora Swing, contra uno de los protagonistas del mercado local, Bizarro, que pone en el debate y en tela de juicio qué se puede hacer y qué no en nuestra industria. Esto teniendo en cuenta que la empresa comandada por Alfredo Alonso y Daniel Merino negó todas las acusaciones e inició una acción judicial por su parte como respuesta. Es relevante que en la disputa esté incluido el emblemático Festival de Viña del Mar.
La acusación es por competencia desleal y prácticas abusivas de posición dominante, a partir, prácticamente, del manejo en exclusividad que desde la pandemia tiene Bizarro del Festival de Viña del Mar. Según el demandante, Bizarro contacta directamente a los artistas que tienen vínculo con otros productores, lo que es comercialmente plausible, y los condicionaría a una relación que supera al evento en todo el territorio chileno. Swing cita los casos de los colombianos de Morat y los italianos de Il Volo, que trabajan habitualmente con ellos.
La asociación gremial de los productores de espectáculos (AGEPEC) emitió un comunicado, donde dice que la denuncia es individual y espera que la justicia la resuelva, pero también agrega que no son indiferentes a los antecedentes del caso y que si se confirma la denuncia sería de una compleja resolución. Bizarro ya ha estado en la mira de la Fiscalía Nacional Económica de Chile por su integración como productora al mismo holding que maneja el Arena Movistar de Santiago, esto usando su propia ticketera hace más de 10 años, con el incremento de la concentración del poder de mercado en pocas manos. Desde luego en AGEPEC propician la pluralidad y el equitativo acceso a las oportunidades del mercado.
Para el análisis no es menor precisar que la Quinta Vergara, donde se realiza el Festival de Viña, es un lugar público, y que la alcaldía de Viña concesiona el ‘evento al canal privado Mega-otros son de capitales mixtos – y este terceriza las contrataciones en Bizarro. Por lo tanto, ni uno ni otro pueden permanecer indiferentes a lo que se cuestione de los métodos que aplique la productora. En adición a eso, hay quienes afirman que el Festival de Viña con su historia es un patrimonio cultural de todos los chilenos y una ventana permanente al mundo, por lo que no se lo puede tratar como a un evento privado.
Es difícil precisar lo que va a pasar, o si efectivamente la justicia dará por cierta la acusación-el tiempo del juicio podría superar a la concesión del canal-de abuso de situación dominante como ocurre, por ejemplo, en el mercado de las telecomunicaciones. Sin embargo, sería bueno que esta disputa se resuelva con el diálogo y se perciba mayor pluralidad en las contrataciones como manifiesta la gremial Agepec en sus principios. La amplitud supuestamente ayuda a llegar con un mejor producto al público, el «Monstruo de la Quinta Vergara, pues actualmente se está dando que grandes artistas internacionales que están cerca de Viña no van al festival. Más allá de eso, vale aclarar que Bizarro tiene potestad para programar como considere y que el negocio de la TV abierta remunerado por publicidad en la era digital, rinde cada vez menos. Por eso es necesario hacer cosas nuevas e innovar para que cierren los números, pero todavía hay ciertos umbrales que no se deberían cruzar.
Fuente: editorial Prensario Música